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QUE ES EL DOLOR?

¿Qué es el dolor? Es una pregunta que nos hemos hecho como especie prácticamente desde que empezamos a serlo. El dolor se puede definir como la opinión subjetiva del cerebro sobre algo que considera potencialmente peligroso. Es decir, dos personas de la misma edad y del mismo género no van a percibir la experiencia dolorosa por igual ante el pinchazo de un alfiler. En el dolor hay factores culturales, biológicos, sociales, psicológicos, etc. Por lo tanto habría que analizar qué significa para cada una de esas personas sufrir un pinchazo de alfiler en la punta del dedo. Igual una de esas personas es cirujano y precisa tener sus manos en muy buen estado, mientras que la otra persona es futbolista y sus manos quedan bastante en desuso. Ya con esa diferenciación social van a existir dos percepciones totalmente distintas de la experiencia dolorosa en cada una de ellas.

No le va a doler igual una degeneración vertebral a una persona adulta que a una anciana. Seguramente la persona anciana tenga el umbral del dolor mucho más alto, ya que sus tejidos son conscientes de su edad cronológica. Es decir, sus tejidos saben que ha llegado su hora de desgastarse ya que se han hecho “mayores” y lo perciben como algo normal. Por lo tanto, podemos tener un gran daño en el tejido y que nuestra experiencia dolorosa no sea tan intensa, o tener poco daño tisular y percibir una gran experiencia de dolor. Nunca va a ser directamente proporcional la cantidad de daño en el tejido con la experiencia dolorosa que percibamos.

La experiencia dolorosa puede volverse más sensible en contextos de “peligro”, es decir, allá donde nuestra respuesta normal al estrés sea más elevada o mantenida en el tiempo. El umbral del dolor va a ser más elevado en una persona alegre y que no esté sometida a una situación de estrés permanente, que una persona que trabaje 12 horas diarias y que vaya agobiada a final de mes. La experiencia del dolor va muy de la mano con las emociones. Es importante saber que la experiencia dolorosa es una estrategia evolutiva que nos permite sobrevivir y adaptarnos al entorno, pero que va totalmente separada de la cantidad de lesión sufrida, sino que va estrechamente vinculada a factores biológicos, sociales, psicológicos y culturales.

FIBROMIALGIA Y SÍNDROME CRONICO DE FATIGA

Se conoce la fibromialgia como un síndrome, reumático y no articular, caracterizado por ser extremadamente doloroso y con presencia de puntos gatillo miofasciales. El dolor muscular se agrava con la inactividad física y con la exposición al frío. Este síndrome es, a menudo, asociado a síntomas generales, tales como; alteraciones del sueño, fatiga, rigidez, dolor de cabeza, y, ocasionalmente, depresión. Hay una relación significativa entre la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica, de la que hablaremos a continuación. Es muy frecuente en mujeres con edades entre los 20 y los 50 años. El síndrome de fatiga crónica se caracteriza por una fatiga persistente y recurrente, por dolor muscular difuso, alteraciones del sueño, e incapacidad cognitivo-subjetiva de unos 6 meses de duración.

Los síntomas no son causados por el ejercicio continuado, y no son aliviados por el descanso, todo esto puede resultar en una reducción de la calidad de vida y de las actividades de la vida diaria. Otras alteraciones menores, como disfunciones inmunológicas o neuroendocrinas, pueden ser asociadas con este síndrome. Hay una relación directa entre la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica. Ante estos dos síndromes, tan frecuentes en nuestra sociedad occidental, la fisioterapia y la terapia manual se presentan como alternativas muy poderosas para hacer frente a la sintomatología que presentan ambos síndromes. Las respuestas neuromoduladoras que provoca la terapia manual en nuestro cuerpo tiene efectos analgésicos. El abordaje de ambos síndromes debe contar con un equipo multidisciplinar: médico, psicólogo, terapeuta ocupacional,..., y ¡fisioterapeuta!. Por eso, la fisioterapia y la terapia manual, son buenas opciones en el abordaje de dichos síndromes.

PSICOSOMATIZACION EN EL DOLOR CERVICAL

Somatizar es el fenómeno que consiste en transformar un estímulo externo en uno físico. Se debe a un mecanismo llamado Sistema Nervioso Simpático. Cuando nos encontramos ante una amenaza, un león por ejemplo, que supone un peligro para nuestra integridad física; nuestro cuerpo empieza a aumentar el tono muscular, aumenta la broncodilatación, aumenta la frecuencia cardíaca, paraliza la actividad digestiva, todo ello nos prepara para huir y ponernos a salvo de la amenaza a la que estamos expuestos. Está claro que nuestro cuerpo desea que nos pongamos a salvo, pero ¿qué pasa cuando esa amenaza no es un león físico? ¿Qué sucede cuando esa amenaza no pone en riesgo real nuestra integridad física? Ese mecanismo adaptativo queda inutilizado.

Por ejemplo, un oficinista que está sometido constantemente a las presiones de su jefe, su cerebro interpretará como peligro real todo el contexto adyacente, haciendo que su ritmo cardíaco aumente, que sus pulmones broncodilaten, que su nivel de ansiedad aumente, y... que por consiguiente, su tono muscular aumente. En este caso estaremos desperdiciando los recursos que nuestro cuerpo nos brinda para sobrevivir, y quedaran latentes en nuestro cuerpo sin utilidad alguna. Cuando nuestro cuerpo presenta un tono excesivo en nuestra musculatura cervical, la causa física va por un lado y por supuesto que estará relacionada, pero debemos tener otros factores en cuenta y ser conscientes de cuál es ese león que tenemos a nuestro alrededor, y desarrollar las estrategias consiguientes para anular las consecuencias que nuestro sistema de alarma presenta al activarse.